Dear Alberto Fernández, Let’s Talk About "Angustia"

Scroll to read this article in English

Illustration credit: Leo Loviero

Cuando el brote de COVID-19 empezó a mostrar su aterrador poder en China, aproximadamente en febrero 2020, la mayoría de los líderes sudamericanos pensaron que la enfermedad era un problema exclusivamente euroasiático, que jamás llegaría a constituir una amenaza seria para sus países. Se demostró rápidamente que estaban equivocados y, tras haber visto las dolorosas consecuencias que la pandemia dejó en Europa, se esperaba que respondieran en consecuencia. Muchos esperaban que se estableciera una cuarentena de forma temprana, preferentemente previa a la transmisión masiva del virus, con el objetivo de evitar la masacre que otros países habían experimentado.

Enfrentados con imágenes llegando desde todo el mundo de cementerios improvisados, hospitales colapsando, personas sin acceso a atención médica y cadáveres siendo apilados en las calles, los argentinos estaban aterrorizados. Argentina tuvo su primer caso de COVID-19 el 3 de marzo, y el presidente Alberto Fernández anunció una cuarentena total en el país el 20 de marzo, con tan solo 158 casos confirmados y sin transmisión comunitaria del virus, ya que todos los casos hasta ese momento eran de personas que habían regresado recientemente del exterior (o aquellos que habían estado en contacto estrecho con ellos, que eran realmente pocos debido a la obligatoriedad establecida por el gobierno nacional de permanecer catorce días en cuarentena al regresar al país).

Se podría decir que la decisión de Fernández fue de hecho apresurada, e incluso sus propios asesores le advirtieron acerca de la misma. En un manotazo a ciegas por salvar la mayor cantidad de vidas posible, es evidente ahora que el presidente no consideró las consecuencias destructivas que la cuarentena traería a la sociedad argentina y la economía. Adhiriendo irreflexivamente a la decisión gubernamental, la cuarentena fue en principio recibida por la sociedad con un cierto alivio, y su decisión no sólo tuvo un 80% de aprobación, sino que la imagen positiva de Fernández trepó al 93.8% entre los argentinos. Sin embargo, habiendo ya pasado más de dos meses desde el inicio de la cuarentena, el país está sufriendo una crisis económica severa, y se estima que una vez levantada la cuarentena el índice de pobreza habrá superado el 50% y que la economía del país habrá caído un 9.5% en el año 2020.

Un problema extremamente preocupante al cual la sociedad argentina debe enfrentarse actualmente es que la mayoría de los pobres trabajan en el sector informal de la economía – como jardineros, trabajadores de la construcción, plomeros, entre muchos otros -, y con la cuarentena obviamente no están pudiendo trabajar. No solo deben intentar sobrevivir sin ningún ingreso, sino que también sus hijos se están enfrentando al desafío de la educación a distancia. Mientras que para muchos niños privilegiados la educación online tan solo requiere cambiar a clases por videoconferencia, para la mayoría de los niños pobres, que las escuelas estén cerradas sólo significa que su educación deberá quedar pausada hasta que las clases presenciales puedan retomarse. A esta serie de realmente angustiantes desafíos debería agregarse que muchas de estas familias no pueden acceder a un plato de comida todos los días si no trabajan diariamente. Debido a esto, muchos no han respetado la cuarentena y han salido a la calle a buscar suficiente dinero para alimentarse por el día.

Los comerciantes constituyen otro sector que está enfrentando consecuencias devastadoras. Más allá de la industria alimenticia y otras pocas consideradas esenciales, la mayoría de las empresas del país han permanecido cerradas por más de dos meses. Para el emprendedor ordinario propietario de una PYME, este tiempo ha sido extremadamente dañino. Tan temprano como el 8 de junio se estimaba que alrededor del 54% de estas empresas estaban paradas, y que aproximadamente 35.000 de las mismas estaban peligrosamente cerca de caer en bancarrota, lo que provocaría la pérdida de más de 190.000 puestos de trabajo.

Los problemas económicos de la Argentina han sido recurrentes, y no sería justo asumir que el alarmante aumento de la tasa de pobreza y la caída de la economía son consecuencias únicamente de la cuarentena. Argentina viene sufriendo de numerosas crisis por más de 50 años, duraderas y devastadoras, debido a importantes problemas estructurales. Con anterioridad a la crisis del coronavirus, la tasa de pobreza del país ya alcanzaba un 35.5% y el descontento social crecía rápidamente. Alberto Fernández asumió la presidencia el 10 de diciembre de 2019, sucediendo a un gobierno neoliberal encabezado por Mauricio Macri. La presidencia de Macri, incluso si se pudiera argumentar que tuvo algunos éxitos en lo económico, fue sin duda perjudicial para las clases bajas. Fernández, con su liderazgo populista y aprovechando el apoyo de la peronista Cristina Fernández de Kirchner (expresidente de la Argentina de 2007 a 2015), logró esperanzar a los pobres y salió victorioso en la elección de 2019. Bastante ingenuamente, se esperaba que pudiera mejorar la situación económica rápidamente y el clima social se vio muy perjudicado cuando muchos dieron cuenta de que sus expectativas habían sido poco realistas y que los problemas estructurales del país estaban mucho más profundamente arraigados de lo que habían pensado. En su primer discurso como presidente argentino, Fernández estableció sus prioridades con orgullo: “primero la economía, después todo lo demás”.

Irónicamente, tan sólo después de un poco más de dos meses como presidente, cuando le preguntaron acerca de su plan para lidiar con las consecuencias que la cuarentena había traído para los argentinos, que efectivamente fueron extremadamente severas, dijo: de la economía se vuelve, de la muerte no. De la caída del PBI se vuelve, de la muerte no”. El presidente ha evitado activamente hablar acerca de las estrategias que está considerando para manejar la crisis económica que continúa empeorando. Esto es particularmente preocupante considerando que, sumado a las vastas y variadas consecuencias de la cuarentena, el gobierno tiene otro gran problema que abordar: la deuda nacional. En el medio de la pandemia, Argentina ha alcanzado la fecha de vencimiento de su deuda internacional, y sus acreedores están exigiendo el pago. Con Martín Guzmán – Ministro de Economía – a la cabeza de las negociaciones, el país ha logrado un progreso significativo hacia un acuerdo. Técnicamente en default, aunque se lo está tratando como un “default simbólico” porque las negociaciones siguen en pie, no deja de ser un importante problema que el país debe enfrentar además de la problemática situación actual.

Con tal conjunción de obstáculos en su camino, Fernández no ha podido darle a su país ninguna respuesta efectiva a la crisis; por el contrario, sus acciones se han visto limitadas a una serie de respuestas improvisadas. Tanto como un mecanismo de defensa como una justificación para sus actos, Fernández afirma que la única preocupación en este momento crítico debería ser proteger la salud de los argentinos. El país invirtió mucho en extensos hospitales de campaña y en el mejoramiento de las salas de terapia intensiva del sistema de salud pública para poder tratar correctamente a pacientes con COVID-19 y aumentar su capacidad de respuesta. Es necesario resaltar que la única razón por la cual tan indispensables cambios pudieron llevarse a cabo fue la cuarentena, ya que esto no hubiese sido posible si la transmisión del virus no se hubiese ralentizado eficientemente al principio del brote. Sin embargo, hoy en día resulta evidente que la cuarentena se ha vuelto insostenible.

Para intentar aliviar la presión que la pandemia ha causado en los diversos sectores de la sociedad, el gobierno ha emitido una serie de préstamos blandos para las empresas y subvenciones para los pobres. Sin embargo, no dejan de ser parches ad-hoc que no están ni cerca de ser soluciones reales a los problemas. Podría discutirse que el verdadero obstáculo aquí es que Fernández no comprende plenamente los problemas y las preocupaciones de los argentinos. Como resultado, muchos han recurrido a los medios para expresar sus inquietudes y demandar una respuesta por parte del presidente. Inevitablemente, se ha planteado la cuestión de la angustia. Si para el ciudadano promedio la cuarentena puede convertirse en una situación extremadamente angustiante,  resulta claro que aquellos que no generan ingresos para llevar a sus hogares, cuyos hijos no tienen acceso a la  continuidad pedagógica virtual y, en consecuencia, se encuentran privados de educación, quienes se ven forzados a cerrar permanentemente sus negocios y quienes ni siquiera tienen agua corriente en sus casas para mantener condiciones básicas de higiene, están pasando un momento sumamente más duro.

En un mensaje dirigido a la nación argentina el 23 de mayo para comunicar la extensión de la cuarentena, cuando le preguntaron acerca de cómo se sentía para él el hecho de que los argentinos estuvieran transitando un momento tan abrumador, el presidente afirmó con confianza que nadie debería, en ninguna circunstancia, sentir angustia. Dijo: “Me llama mucho la atención la idea que transmiten muchos periodistas de la angustia de la cuarentena, ¿es angustiante salvarse? Angustiante es enfermarse, y no preservar la salud. Angustiante es que el Estado te abandone y no esté presente.” Luego, insinuó que quienes sugerían que la cuarentena debería ser relajada, al menos un poco, no comprendían la seriedad del asunto. En relación con esto, agregó: “Estamos en una pandemia que mata gente, ¿lo entendemos? Estamos en una pandemia de un virus que no tiene ni vacuna ni remedio, ¿lo entendemos? Quédense en su casa, cuídense, y traten de sobrellevarlo lo mejor posible.” Nuevamente volvió a culpar a los periodistas por supuestamente ser la fuente de la angustia que las personas ya sentían. En realidad, fueron las personas quienes se dirigieron a los medios para intentar obtener algún tipo de respuesta.

El comentario del presidente con relación a la angustia no fue bien recibido por muchos grupos sociales, quiénes lo encontraron muy poco respetuoso. La razón por la cual su comentario es tan relevante, sin embargo, es porque revela su incapacidad de empatizar con las preocupaciones y ansiedades reales de los argentinos. Él ha conectado la idea de la angustia exclusivamente con el miedo al COVID-19, y no ha sabido comprender que hay numerosos problemas que en este momento parecen insuperables para la sociedad argentina y que no están directamente relacionados con el coronavirus. El comentario de Fernández probablemente no fue malintencionado y su determinación por cuidar la salud de su país es realmente admirable. Sin embargo, al haber establecido la cuarentena tan tempranamente se ha atrapado a sí mismo en un callejón sin salida. Ahora debe enfrentarse no solo a los problemas estructurales y extremadamente arraigados del país, sino que también debe confrontar muchos otros contratiempos que probablemente podrían haber sido evitados si la cuarentena hubiese sido mejor planificada. Como presidente, Alberto Fernández enfrenta un desafío inconmensurable. Para poder mejorar la actual situación de la Argentina, debe primero comprender qué es exactamente lo que su país y su gente necesitan. El tiempo no le sobra, pero seguramente encontrará una solución una vez que abandone la idea de que los aspectos sanitarios de la pandemia son los únicos problemas dignos de su atención en este momento. La política extremadamente estricta de Fernández ha sido vastamente exitosa en materia sanitaria, pero ha pasado por alto una serie de situaciones que ahora están pasando factura velozmente.

//

When the COVID-19 outbreak first began to rear its head in China, around February 2020, most South American leaders regarded the disease as an exclusively Eurasian problem, which would never constitute a serious threat to their countries. They were soon to be proved wrong, and after the heart-breaking consequences that the pandemic had in Europe, it was expected of them to respond accordingly. Many people expected a quarantine to be established early, preferably prior to the mass transmission of the virus.

With images coming from around the world of improvised cemeteries, hospitals collapsing, people being denied healthcare and corpses piling up in the streets, the Argentinian people were terrified. Argentina had its first COVID-19 case on March 3rd, and president Alberto Fernández announced a complete lockdown of the country on March 20th, with just 158 confirmed cases and no widespread transmission of the virus, as all cases so far had been brought in from abroad.

Some saw this decision as hasty, so much so that even his own advisors warned him against it. In a blind attempt to heroically save as many lives as possible, it is quite evident now that he clearly disregarded the destructive consequences that this lockdown would have on the Argentinian society and economy. Thoughtlessly adhering to the government’s decision, the lockdown was at first welcomed by most people with relief, and his decision received not only 80% of approval but his positive image amongst Argentinians surged to 93.8% as well. However, after more than two months in lockdown, the country is undergoing a deep economic crisis, and it is expected that once lockdown is lifted poverty rates will have risen to over 50% of the population and the country’s economy will have dropped by 9.5% in 2020.

The most worrisome problem the Argentinian society now faces is that swathes of economically disadvantaged people work in the informal sector of the economy. Unable to work in quarantine, those affected ate are not only trying to survive without an income, but their children are also facing the challenge of online-education. While for many privileged children home-schooling just means switching to video-conference classes, for others the closing of schools inherently means that their education is to be held on pause until they can open again. As a result of these deeply distressing challenges, many have not respected lockdown and have gone out to try and find enough money to eat for the day.

Retail constitutes another sector which is facing devastating consequences. Other than food and a few other essential industries, the majority of the country’s businesses have been closed down for over two months. For the ordinary entrepreneur who owns a regular SME, this has been extremely harmful. As early as 8 June, it was estimated that around 54% of these businesses were not working, and that approximately 35.000 businesses were dangerously close to bankruptcy, which would cause the loss of more than 190.000 jobs.

Argentina’s economic problems have been recurrent, and it would not be accurate to assume that the lockdown is the only cause of the alarming rise in the poverty rate or the economic crisis.  Argentina has been suffering from long-lasting, devastating crises due to severe structural problems for over 50 years. Before the coronavirus crisis began, the country already had a poverty rate of 35.5% with social discontent rising rapidly. President Alberto Fernández took office on December 10th, 2019, following a neoliberal government headed by Mauricio Macri. Macri’s presidency, despite some economic successes, was no doubt harmful to the working classes. Fernández, with his populist leadership and the support of Peronist Cristina Fernández de Kirchner (former president of Argentina from 2007 to 2015), brought back hope to the poor and won the 2019 elections. Quite naively, it was expected of him to rapidly improve the economic situation, and civil uneasiness rose when people realised that their expectations had indeed been unrealistic and that the structural problems were much more complex and deeply-rooted than they had thought. In his first speech as the Argentinian president, Fernández proudly established his priorities by saying “primero la economía, después todo lo demás[1].

Ironically enough, after just a little over two months in office, when asked about how he planned to deal with the extremely tough consequences that lockdown has brought to Argentinians, he said: “de la economía se vuelve, de la muerte no. De la caída del PBI se vuelve, de la muerte no[2]. The president has actively avoided speaking about what strategies he has in mind to handle the economic crisis that is just getting worse. This is particularly worrying considering that, in addition to the vast and varied consequences of lockdown, the government has another huge issue to address: national debt. In the midst of the pandemic, Argentina reached payment deadlines on its national debt, and is now having to see off creditors. With Martín Guzmán – Minister of Economy – leading the negotiations, the country has made significant progress towards an agreement. Technically defaulted, even though the situation is regarded as a ‘symbolic default’ because negotiations are still taking place, it does not cease to be a serious problem the country has to face in addition to the current state of affairs.

With such a conjunction of obstacles in his way, Fernández has not been able to provide his country with any effective response to the crisis; on the contrary, his decisions have just been restricted to a series of improvised reactions. As a mixture of a self-defence mechanism and a justification for his actions, Fernández has repeatedly said that the only important thing in such a critical moment should be to protect people’s health. The country has invested in enormous field hospitals and in the improvement of intensive care rooms in the public health system in order to be able to properly take care of COVID-19 patients. It should be noted that lockdown was indispensable for the public health system’s success in increasing response capacity, and that this would not have been possible if the transmission of the virus had not been so efficiently slowed down at the beginning of the outbreak. However, it is now clear that lockdown policies are no longer sustainable.

In an attempt to ameliorate the pressure that the pandemic has placed on the diverse sectors of society, the government has issued a series of cheap loans for businesses and grants for individuals affected. However, these are merely ad-hoc patches. It might be argued that the bigger obstacle here is that Fernández is not being able to completely apprehend the Argentinians’ problems and concerns. As a result, many have resorted to the media to express their discontent and demand for the president’s response. Inevitably, the question of anguish has been brought up. If for the regular person lockdown can become an extremely distressing experience, it seems safe to say that those who are not being able to bring any money home, those whose children do not have access to technology in order to continue with school and are therefore deprived of an education, those who are being forced to close down their shops and those who do not even have tap water in their homes, are having a much harder time.

While addressing the Argentinian nation on May 23rd to communicate the extension of lockdown, when asked about how he felt about Argentinians going through such a distressing moment, he confidently stated that people should not, under any circumstance, feel anguish. He addressed journalists and blamed them for transmitting and encouraging such distressing messages. He said: “Me llama mucho la atención la idea que transmiten muchos periodistas de la angustia de la cuarentena, ¿es angustiante salvarse? Angustiante es enfermarse, y no preservar la salud. Angustiante es que el Estado te abandone y no esté presente.” [3]. He later hinted that those suggesting that lockdown policies should at least be loosened a little bit did not understand the seriousness of the matter. In connection to this, he added: “Estamos en una pandemia que mata gente, ¿lo entendemos? Estamos en una pandemia de un virus que no tiene vacuna ni remedio, ¿lo entendemos? Quédense en su casa, cuídense y traten de sobrellevarlo lo mejor posible. Dejen de sembrar angustia.” [4] Once again, he blamed journalists for supposedly being the source of the anguish that people already felt, perhaps failing to consider that this was merely an expression of existing fear and distress.

The President’s comment was poorly received by many social groups, who found it severely disrespectful. But many feel it reveals his inability to empathise with his country’s worries and anxieties. He has connected this “angustia” exclusively with the fear of COVID-19 and is unable to comprehend that there are numerous problems that right now seem insurmountable to Argentinians, not directly related to the coronavirus. Fernández’s comment was most probably not intended to be hurtful, and his determination to preserve his nation’s health is indeed admirable. However, by establishing lockdown so early he has caught himself in a dead-end. He is now forced to face not only the deeply-rooted and long-standing economic problems of the country, but also many other problems which could probably have been avoided if lockdown policies had been a little more thought out. As a president, Alberto Fernández is facing an almost unconquerable challenge. In order to possibly improve Argentina’s current situation, he should first apprehend what it is exactly that the country and its people need. Time is running short in every way, but he will surely find an answer once he frees himself of the idea that the pandemic is the only problem worthy of his attention right now. Fernández’s strict policy has been greatly successful in terms of fighting Covid but he has overlooked a number of issues that are now starting to take their toll.


[1] “The economy comes first, then comes everything else”.

[2] “There’s a way back from economic trouble, there’s no way back from death. There’s always a way back from a GDP fall, there’s no way back from death.”        

[3] “I find the idea that many journalists are spreading about quarantine anguish really curious. Is it anguishing to be saved? It is anguishing to get sick and lose your health. It is anguishing to be abandoned by the State, for the State not to be present where it should.”

[4] “We are in the midst of a pandemic that kills people. Do we understand that? We are in the midst of a pandemic caused by a virus for which there is neither vaccine nor treatment. Do we understand that? Just stay home, take care and try to deal with it as best you can. Just stop spreading anguish.”